No olvido mi cuerpo luego de esas largas horas entregado al sexo. Un día completo dedicado a lo más carnal del amor, a lo práctico, lo animal, el ejercicio de amarnos, a veces sin querernos mucho. Siempre vuelvo a esos tiempos recordando el final de la jornada, cuando volvía a mi departamentito lúgubre. La sensación de fatiga muscular a la altura de las caderas y los glúteos al caminar, esa sensación de paz en el pene y escroto. La piel seca y los labios algo desollados; y sobre los labios, en la zona del bigote, ese olor a vagina que me acompañaba, como una pincelada de lo vivido.
Si la ruta de regreso era larga, buscaba lugares sin luz para sentarme y descansar, algo le pasaba a mi vista luego de esos encuentros. Tal vez la falta de agua, la cantidad de tiempo con los ojos cerrados o la cantidad de tiempo con los ojos abiertos en la oscuridad. Nunca tomaba un taxi o transporte público para regresar. Lo lógico sería no hacerlo porque no tenía dinero pero además quería estar solo, hablar lo mínimo y no interactuar para poder retornar con más claridad a lo recién vivido. Sin importar la hora, cada vez que salía de una de esas faenas mi cuerpo sentía que era de noche. Por mi cabeza vagaban como ballenas cruzando el mar algunos pasajes del encuentro, frases que se quedaron trabadas en la conversación y de pronto me tomaban entero, me quedaba congelado proyectando en mi cabeza ideas que no prosperaron por la avalancha del deseo o frases sueltas que no lograba entender. Luego las risas, uno recuerda mucho los juegos, las reacciones que se van haciendo típicas ante los estímulos que se repiten. Lo que dice su boca cuando lames sus pezones, cuando besas su cuello. Lo que avisa tu respiración a segundos del orgasmo, de una de esas tantas breves muertes que nadie nota en la bodega cuando iba por un jugo y tres panes antes de volver a mi soledad.
Sobre el sillón del departamento mi cuerpo seguía en movimiento. Sentía lo mismo luego de bañarme por horas en el mar cuando era chico. Al adormitar, de pronto saltaba o me despertaba bruscamente. Es que no es lo mismo tumbarse para dormir que para tirar. Y el cuerpo se queja, se tiene que adaptar. Una vez que se toma la decisión de estar con alguien y se deja de pensar, lo que queda en el cuerpo es lo que da, se enciende un motor extra. El cuerpo no toma caras ni nombres, no hay prisioneros. El cuerpo toma otro cuerpo, la sensación, la búsqueda de ese sentir mejor, un avión kamikaze que se aleja vertiginosamente de nuestros miedos, del pensar en qué somos o debemos ser. Lo que el cuerpo quiere es explotar
Ken Tucker reviews the new album from Daft Punk, Random Access Memories:
I freely admit that, until the new Random Access Memories, I wasn’t much of a fan. I could appreciate the craft and imagination that went into creating the French duo’s mixture of electronic genres — techno, house, disco — but the mechanical repetitions and heavily filtered vocals didn’t turn me on in any other way. But now, Thomas Bangalter and Guy-Manuel de Homem-Christo have come up with an album that exposes the human side of their musical impulses. It’s the equivalent of removing the helmet-masks the pair invariably wears in public performances. Random Access Memories is a collection filled with music that suggests mad romance, heartache and an embrace of the past that’s never merely nostalgic or sentimental.
Image courtesy of Sony Music
Todavía la vieja tentación
de los cuerpos felices y de la juventud
tiene atractivo para mí,
no me deja dormir
y esta noche me excita.
Porque alguien contó historias
de pescadores en la playa,
cuando vuelven: la raya del amanecer
marcando, lívida, el límite del mar,
y asan sardinas frescas
en espetones, sobre la arena.
Lo imagino enseguida.
Y me coge un deseo de vivir
y ver amanecer, acostándote tarde,
que no está en proporción con la edad que ya tengo.
Aunque quizás alivie despertarse
a otro ritmo, mañana.
Liberado
de las exaltaciones de esta noche,
de sus fantasmas en blue jeans.
Como libros leídos han pasado los años
que van quedando lejos, ya sin razón de ser
—obras de otro momento.
Y el ansia de llorar
y el roce de la sábana, que me tenía inquieto
en las odiosas noches de verano,
el lujo de impaciencia y el don de la elegía
y el don de disciplina aplicada al ensueño,
mi fe en la gran historia…
Soldado de la guerra perdida de la vida,
mataron mi caballo, casi no lo recuerdo.
Hasta que me estremece
un ramalazo de sensualidad.
Envejecer tiene su gracias.
Es igual que de joven
aprender a bailar, plegarse a un ritmo
más insistente que nuestra experiencia.
Y procura también cierto instintivo
placer curioso,
una segunda naturaleza.
| — | Antes de ser maduro. Jaime Gil de Biedma. (via salvajes) |
“I’ll tell you, my friends: it’s all in the nerves. The nerves that tense and relax as you approach the edges of companionship and love. The razor-sharp edges of companionship and love.”
― Roberto Bolaño, Amulet
| — | Roberto Bolaño, “Murdering Whores” (via glamlet) |
Mientras en los medios y en los cafetines politiqueros se tejen escenarios para atinar qué detalle o cuántas cerezas más le falta al Perú para llegar al primer mundo, en el Perú -el real, el bien tercermundista- una brigada de personal de salud arriesga su vida cruzando un río en plena crecida y camina más de siete horas en la compleja geografía andina para brindar atención en salud a otros peruanos. Lo que le falta al Perú para llegar al primer mundo es la diferencia en condiciones en la atención en salud en Usicayos, Puno y la que recibiría otro ciudadano en Lince, Lima (la gran capital).
Y la culpa no es de la geografía, ni del presupuesto público, ni de los trabajadores que van hacia ese poblado, ni de los pobladores. La culpa es de esa fuerza mediática alcoholizada de favor político que pretende vender una imagen de un Perú que no existe. Un Perú que es una sala de estar ordenadita, con galletitas de aguaymanto, pisco sour y música lounge (Cholo Soy - Peruvian Waltz Chillout) para recibir a huéspedes ilustres y ensimismados con nuestras maravillas nacionales que se mueren por ir a Machu Picchu, cuando en la cochera y el patio trasero los nuestros se mueren en serio por no tener acceso a un antibiótico, como se moría la gente hace más de cien años. Pero sí, Primer Mundo, dicen.
Y nada va a cambiar. La sensación de indignación se pasa como se pasa el hambre tras comer un sándwich. La batalla la están ganando ellos, nuestros nuevos “grandes valores” como el turismo y la gastronomía que han desplazado a nuestras grandes urgencias como la educación, la salud integral y cerrar la maldita brecha de desigualdad social. No nos hagamos los revolucionarios, ni comencemos a bosquejar el gran golpe al sistema. Ya somos el sistema, el sistema nos usa y nosotros lo amamos. Solo queda seguir en este camino (el otro da miedo, como el río del video) y sentirnos libres por poder escribir lo que se nos ocurra en Facebook y poder gastar nuestra plata en lo que nos venga en gana. Solo queda mirar con nostalgia a otros y otras, valientes, que escogieron el otro camino, no fueron anestesiados ni les contaron ningún cuento. Sólo queda alegrarse por el esfuerzo silencioso que vence lo que para millones de peruanos es invisible.
Man is never truly great merely for what he is, but ever for what he may become. Until man be truly filled with the knowledge of the majesty of his possibility, until there come to him the glow of realization of his privilege to live the life committed to him, as an individual life for which he is individually responsible, he is merely groping through the years…
With this broadening, stimulating view of life, he sees how he may attain his kingship through self-control. And the self-control that is seen in the most spectacular instances in history, and in the simplest phases of daily life, is precisely the same in kind and in quality, differing only in degree. This control man can attain, if he only will; it is but a matter of paying the price.
The power of self-control is one of the great qualities that differentiates man from the lower animals. He is the only animal capable of a moral struggle or a moral conquest.
Every step in the progress of the world has been a new “control.” It has been escaping from the tyranny of a fact, to the understanding and mastery of that fact. For ages man looked in terror at the lightning flash; to-day he has begun to understand it as electricity, a force he has mastered and made his slave. The million phases of electrical invention are but manifestations of our control over a great force. But the greatest of all “control ” is self-control.
| — | William George Jordan (via heartbloodspirit) |
Tal vez para siempre.
Una de las acciones más dignas desde una amiga es la desinteresada asistencia al momento de vomitar.
Las he visto. La amiga, la más valiente, le sujeta el pelo con gallardía y le fija la cabeza en un ángulo ideal para que el vómito sea evacuado sin manchar las ballerinas. Mientras otra amiga, la más propensa al asco y los olores fétidos, sostiene la cartera y el celular a metros del lugar donde pasa todo. A veces hay otra alma fraterna sujetándole un brazo a la que vomita mientras le brinda palabras de apoyo y confianza (ya pasó, tranquila, respira, respira, bota todo nomás, no llores, te vas a atorar, no te frenes, vomita nomás, vomita con calma, ya pasó, ya pasó, respira). Una vez que el incidente está desparramado por todo el suelo, se siente un halo de tensión en el aire (no, no me refiero al olor), casi una preocupación maternal que parte de la más responsable (por ende, sobria) del grupo. Nadie habla por un rato, algo se ha roto. Segundos o breves minutos después, como parte de la transición emocional, la que ha vomitado inicia un recuento frenético de lo que ha sobrevivido. Si el cabello quedó ileso, quién tiene la cartera, quién el celular, cómo se ve ella, si alguien las ha visto, qué desastroso ha quedado el lugar. Los perdones de la protagonista se transforman en palabras de aliento desinteresado desde las bocas de las amigas. La alquimia que forma ese cruce de ideas da origen a la jocosidad.
Sin darse cuenta, lo que hace minutos fue un momento traumático, un despertar al asco ajeno, al ridículo callejero y la vulnerabilidad de lo fisiológico, se torna en una excusa para cagarse de risa. Se revelan entre sí lo que sintieron debajo de sus acciones externas, sus miedos y percances personales mutan en anécdotas risibles, momentos inolvidables que recordarán entre carcajadas cada vez que se vuelvan a juntar, hasta en aquel todavía lejano encuentro por las bodas de plata de egresadas del colegio. Mientras esperen que venga la profesora anciana a dar la clase del recuerdo, recordarán la noche adolescente que la amiga vomitó y todas ayudaron, entre arcadas y ojos llorosos. Recordarán las risas que ahora van formando. Y ese vómito, pestilente y tibio, será el caudal que una sus mejores memorias compartidas, aquellos recuerdos que se resisten al tiempo, los secretos entre amigas de verdad, las verdades que no se ventilan en las peleas, momentos reales. Porque no hay nada más real, nada más pasmosamente humano, que ver a alguien vomitar. Deshacerse de lo que le hace daño con esa violencia íntima, ver cómo se las ingenia para sobrevivir. Y no solo ver, sino ser parte de esta metáfora fisiológica que nos acompañará siempre.
Huachimanes, limpiadores de oficinas, auxiliares de mozos y otros habitantes de ese mundo silencioso que convive a diario con nosotros. Experiencias de post-guerra, brujería, corazones rotos, migraciones fantásticas, cosmovisiones insólitas, pendejada, fanatismo deportivo, dolor, nostalgia, patriotismo, regionalismo, resiliencia y generosidad. Muchos de ellos son jefes de hogar o el único sustento de sus familias. Donde algunos verán una posición menor, invisible, tal vez deberían prestar atención a la imagen completa. Del cómo estar vivos o poder llevar un pan a sus hogares ya es un logro personal, un hito en las vidas de estos muchachos que han convivido con la muerte, el terror, la miseria y la denigración de sus derechos algunas veces antes de tener amigos o saber lo que era jugar. Muchas son vidas (auto)reconstruidas, sin explicaciones ni por qués. Simplemente siguieron y encontraron una salida, ese lugar común que hoy comparten entre nuestros pasos apurados o uno anterior a ese lugar. Es que es un camino. Tienen historias que contar, caras que extrañan y sueños que no los dejan dormir. Quieren seguir, tienen proyectos bajo el brazo, cuando hablan del futuro siempre se ríen, se emocionan, motivan. Si bien no todas las historias han de ser dignas de una película o un libro, hay muchas que merecerían un abrazo o, por lo menos, un saludo honesto y un oído dispuesto a escuchar en serio.
Cada vez que sale a comprar el pan repasa las diversas (y sutiles) alternativas para quitarse la vida que le depara su monótona ruta. Llega a la panadería sintiéndose un sobreviviente, celebrando su continuo evadir a la muerte silenciosamente. Una muerte accesible que siempre está latente en las tres cuadras y media de su paseo matutino.
El salto al vacío desde las escaleras auxiliares de su edificio, terminaría destrozando su cuerpo contra el estacionamiento de la profesora de arte del 604. No le convencía la idea de la vergüenza post mortem. Conocía a la profesora y siempre se habían saludado con amabilidad familiar. Dónde pondría su autito durante las investigaciones la pobre señora, sumado a todos los problemas que este incidente le acarrearían. Y es tiempo de exámenes.
Arrollado por el auto de Vicente, que nunca mira a la derecha al lanzarse en su auto, embalado, a la avenida. A Vicente lo había visto crecer. Lo recordaba con el overolcito naranja jugando en la puerta del edificio. Y luego de adolescente, cuando dormía en la banca del parque porque su madre, soltera, no lo dejaba entrar al departamento borracho. Sería una pena que el muchacho cargue con su muerte, pero de alguna manera le serviría para que madure un poco y siente cabeza. Así pensaba el viejo mientras veía cruzar a Vicente raudo, a velocidades que asustaban hasta a las mascotas que habían salido a mear.
Antes de la última esquina para llegar a la panadería, en medio de la franja de césped que escolta el frontis del edificio “Neptuno”, hay un reflector que tiene un cable que está haciendo corte, a veces arroja chillidos eléctricos. Han cercado al reflector con rezagos de cinta seguridad que ha conseguido el huachimán de la construcción de al frente, mientras esperan inútilmente que el propietario repare esta amenaza. El reflector parece un muerto que a nadie le importa. Sería tan fácil desprenderse de la sandalia, mojarse el pie en el rocío del pasto fresco e introducirlo en el reflector como quien introduce la mano en los recipientes de agua bendita de las iglesias. Un solo sacudón, intenso. Podría haber problemas graves con el certificado de seguridad del edificio, multas y reportajes de domingo sobre el tema de las instalaciones eléctricas de los departamentos clasemedieros y la imagen de su cadáver, cubierto improvisadamente con la frazada del huachimán, en los noticieros. Era la alternativa que menos le atraía, no confiaba en la potencia de la descarga y tampoco le gustaba la excesiva prensa para su muerte. Le resultaba incómodo ventilarse muerto a nivel nacional e injusto para la familia al tener que salir a los medios a explicar lo que para ellos sería inexplicable. Además que ya suficiente tendrán con las exequias.
Tomarse el líquido medio azul, legía con aromatizante, situado todos los días sobre el mostrador de vidrio a la entrada de la panadería. Durante la cola diaria para el pan, su vista no se aleja de la botellita, imaginando los gritos de la gente ante el efecto del químico en su cuerpo. Los alaridos de las viejas en bata y los gritos por una ambulancia o el serenazgo. Sería la primera vez que pase algo insólito en esa panadería somnolienta donde todo es lo mismo, piensa el viejo sonriendo como un niño que planea ponerle un cascabel al gato. Hablarían durante meses del incidente, hasta traerían un cura para que santigüe el lugar y los proteja de su espíritu.
Camino a casa, con los panes en la bolsa, ya no piensa en los escenarios suicidas (nunca se mataría con los panes en la bolsa) ahora su mente se ocupa de los comensales de la panadería. Le agravia que confundan su sonrisa, presa de sus tribulaciones suicidas, con el tierno gesto de un hombre que ha llegado a sus últimos años satisfecho por la labor cumplida. Tal vez es la brisa de esa mañana fresca o que la siguiente semana cumple 79 años, algo hace que se detenga. Se queda mirando el juego de la luz solar entre los árboles al compás del viento. Levanta el rostro hacia el cielo, como buscando una lluvia imaginaria. Se sumerge en la idea del día que finalmente encuentre la manera ideal para arrancarse la vida. No será solo su muerte, también será una venganza. Su cadáver será la mejor manera de demostrarles que esa sonrisa es solo suya, que no es la tierna idea de un viejo satisfecho. Nada más lejos. La sonrisa resume las ganas, eufóricas, por encontrar en su ser, luego de tanto hipotético ensayo, el camino a un fin voluntario. Una vieja motivación que lo acompaña desde que era solo un muchacho y entendió que en su vida, sin importar el esfuerzo que hiciera, la felicidad siempre sería devorada por el infortunio, como lo hace la noche con el día.
Juego de poderes: Análisis de extracto del concierto de Paez (1999) con Cerati y García.
Canción base para el análisis
http://www.youtube.com/watch?v=BTo-m27wGwg
Sobre Fito Paez:
Letra de la Ciudad de Pobres Corazones de Fito Paez
http://www.musica.com/letras.asp?letra=852348
Reseña sobre Ciudad de Pobres Corazones
http://historiasconmelodia.blogspot.com/2010/06/track-track.html
Sobre Charly García:
Reseña sobre canción Cerca de la Revolución de Charly García.
http://es.wikipedia.org/wiki/Cerca_de_la_revoluci%C3%B3n
Letra de Cerca de la Revolución de Charly García
http://www.rock.com.ar/letras/0/978.shtml
Influencia de Cerca de la Revolución
http://www.youtube.com/watch?v=WUdIKdRuYc4
Video Canción Cerca de la Revolución
http://www.youtube.com/watch?v=xet-0U1ACNM
Sobre Gustavo Cerati:
Cerati hablando de sus influencias, diciendo que hace música pop.
http://www.youtube.com/watch?v=QnCeXePGP5A
Letra canción Puente de Gustavo Cerati
http://www.musica.com/letras.asp?letra=850370
Influencia de Puente
http://www.youtube.com/watch?v=IuKl8KtLY9M
Influencia de Un Misil en mi Placard
http://www.youtube.com/watch?v=mEIeQ_vdT1M
Varias fuentes de influencia de canciones de Soda Stereo
http://sinono.blogspot.com/2008/10/robos-de-cerati-resurreccin.html
Canción Raíz (influencia del Folklore)
https://www.youtube.com/watch?v=J39qRdU8Wyw
Canción Cuando pase el Temblor (música y video influenciados del folklore)


